S i la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre dejase al TAU Cerámica emitir sus propias creaciones, bien haría el equipo vitoriano en estampar el rostro de Sergi Vidal para que los coleccionistas pudieran reconocer al club de un solo vistazo. Es la teoría de la parte por el todo. Ves al escolta catalán y lo relacionas inmediatamente con el 'carácter Baskonia', mucho más que un eslogan afortunado con el nuevo paso por el altar de Querejeta e Ivanovic. En realidad no se divorciaron, simplemente suspendieron temporalmente la convivencia para reanudarla tres años más tarde como dos seres nacidos para encontrarse.
Presidente, técnico... Hace falta un jugador que asiente el trípode con firmeza sobre el suelo. Que sea Vidal, un secundario de alta gama que marcó las normas en 'el partido' de la última jornada, el que enfrentó en el Palau Blaugrana al segundo (Barcelona) con el líder (TAU). El badalonés no apareció en el encuentro, irrumpió en él y explicó como nadie las razones por las que el cuadro alavés encabeza la Liga a ritmo de récords, con el puño férreo de su entrenador y la ambición implacable de su presidente. Esto es 'la chaqueta metálica'. Quien no aguante, que deserte.
Vidal es el prototipo de baloncestista con el que Dusko viajaría hasta los confines de la Tierra. El escolta comprendió mejor que nadie de qué iba ese duelo duro, físico, agresivo e intenso, ese choque de 'play-off' anticipado, esa fiebre del sábado noche. Habrá durante el año partidos más estéticos, pero pocos con semejante densidad. El protagonista del encuentro se sublevó ante las primeras ventajas locales con un robo que demuestra su constante actitud defensiva, pero trasladando también la agresividad al ataque.
Sergi es un mineral de la Penya, como tantos otros para orgullo verdinegro, aunque 307 de sus 308 apariciones en la ACB le vean con la camiseta baskonista. Llegó a Vitoria con 19 años, cumple su novena temporada en el Fernando Buesa Arena y es el capitán del equipo tras la marcha de Luis Scola. Sin alaveses en sus filas, Vidal representa para la afición azulgrana el hilo que teje la identificación entre una entidad y sus seguidores, quienes por cierto nunca han reparado en nacionalismos deportivos ni orígenes de los pasaportes.
Sea por vérsele como un proyecto de futuro cuando se le contrató, allá por el año 2000, por los cupos de mínimos pactados con el sindicato de jugadores o por su categoría intrínseca, el badalonés continúa. Y no sólo eso, la sombra que proyecta cada vez ocupa más pista. Es de esos jugadores que empiezan redondeando plantillas y siempre permanecen de pie mientras compañeros de más lábel terminan de rodillas. Recuérdese, si no, la nómina de aleros estelares que han desfilado por el pabellón de Zurbano. Vidal suma y multiplica, las dos únicas operaciones aritméticas que maneja.
Si un jugador es joven, tiene hambre deportiva y se muestra dispuesto a sufrir, toparse con Ivanovic cada mañana y cata tarde debe resultar una bendición. Cuidado, si alguien cumple las tres premisas apuntadas. Abstenerse los ajenos al retrato-robot. Sergi, implacable anotador en edad juvenil, pronto aprendió que su longevidad en el TAU de Dusko pasaba por asumir la grandeza como un valle de lágrimas. Se transformó en un cancerbero defensivo que fiaba su producción ofensiva a la velocidad en los contraataques y la maestría en las penetraciones, aspectos muy ligados a una condición física que le hacía dependiente. Le limitaba un tiro exterior sospechoso para un escolta. Con su mejoría evidente en el triple ya es una amenaza que los rivales no deben flotar, otro foco de distracción que aprovechan compañeros dotadísimos para anotar. Vidal ha cerrado el círculo para quienes durante tiempo han, o hemos, mostrado cierto escepticismo con su juego.
Su exhibición en el Palau se unió al buen papel de San Emeterio para cruzarse con 'Navarro frente al mundo' -sorprendente por el plantillón que maneja Xavi Pascual- en un duelo de nacionales protagonistas, disputado con el reglamento defensivo que estableció el Baskonia hasta que surgió el pirómano Basile, tipo capaz de arrasar el monte con una simple vela. Pero para incendio, el provocado por el TAU. Tres victorias de renta sobre los perseguidores a falta de una jornada para completar la primera vuelta. Con Dusko ha vuelto el despotismo en la fase regular que no garantiza el título. Eso sí, miedo mete un rato.