Los truenos sobre la cúpula de Miquel Barceló se han acabado. La «impresionante» reforma realizada por España y firmada por el pintor mallorquín, en la sede de Naciones Unidas en Ginebra, se inauguró ayer dejando boquiabiertos a los más de 700 invitados al acto. La apertura oficial estuvo presidida por el Rey Juan Carlos; el secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, que agradeció el «generoso regalo» recibido; y por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.
Atrás queda la polémica sobre la financiación de una obra que ha costado 20 millones de euros y a la que la Hacienda pública ha aportado el 40%. La partida más discutida fue una de 500.000 euros que el ministerio de Exteriores tomó del Fondo de Ayuda al Desarrollo, y por la que los partidos de la oposición llevaron su malestar hasta el Congreso de los Diputados.
No obstante, ayer tocaba hablar del mar multicolor de estalactitas con el que Barceló ha iluminado el techo de 1.400 metros cuadrados de la rehabilitada sala, que ahora se llama de los Derechos Humanos y de la Alianza de las Civilizaciones. Don Juan Carlos, en su discurso, destacó la «indudable belleza creativa y fuerza expresiva» de una instalación para la que se han utilizado 20.000 kilos de pintura. El monarca felicitó «muy calurosamente» al creador y se declaró «impresionado» por una labor que despierta «especial admiración».
En similares términos se expresó Ban Ki Moon, que calificó de «símbolo del multiculturalismo» la nueva sala XX del Palacio de la ONU, en Suiza. «Los colores aparecen de manera diferente según el lugar en el que uno está sentado, del mismo modo que los países y los pueblos tienen perspectivas diferentes sobre los desafíos que debemos afrontar», dijo.
Por su parte, José Luis Rodríguez Zapatero afirmó que se trata de un regalo «a toda la comunidad internacional, a todos los seres humanos, a todos los países». Y añadió que la «impresionante cúpula es un reflejo de España, un país solidario, comprometido con la ayuda al desarrollo y contra la intolerancia, la discriminación y la pobreza».
«El mundo goteando»
La anécdota del día llegó de la mano del artista mallorquín. Barceló comenzó su discurso en el dialecto catalán propio de las islas, para desesperación del nutrido ejército de intérpretes que trabaja ya en esta instalación capaz de albergar debates entre 700 personas. Fue muy breve, por lo que tuvo tiempo de traducirse a sí mismo al español y al francés. Explicó cómo la idea de la cúpula le surgió «un día de gran calor en pleno Sahel y que le evocó la imagen del mundo goteando hacia el cielo».
«Todo ello puesto del revés es un mar, pero también una cueva», añadió el pintor de Fenalitx. Un océano en tres niveles: «Agitado en el fondo del agua con sus moradores; luego está el plano de la espuma revuelta en marejada; y al final, el reflejo, lo que está debajo, nosotros».
Entre las personalidades que asistieron a la inauguración destacaron la reina Sofía; Sonsoles Espinosa, esposa del presidente del Gobierno; el presidente suizo, Pascal Couchepin; el director general de la ONU en la oficina de Ginebra Sergei Ordzhonikidze y el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, que estuvo acompañado de su esposa. España contó con una nutrida representación con el ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, Miguel Ángel Moratinos; Juan Antonio Samaranch; Josep Borrell y Narcís Serra, entre otros.